jueves, 5 de noviembre de 2020

Desidia y abandono seguido de improvisación y violencia.

 


La toma de un predio en Guernica mantuvo en vilo al país, que miraba aterrorizado como la indiferencia y el abandono hacia los sectores más vulnerables se mezclaba con viejas prácticas clientelistas del conurbano y parecía encaminado hacia el asentamiento de una nueva villa de emergencia en el Gran Buenos Aires. Librados a su suerte por un PJ que parecía dispuesto a mirar para otro lado, las internas del Frente de Todos estallaron violentamente en torno al conflicto por la toma y terminaron en una sangrienta represión ante las cámaras.

No es la primera vez que las internas del Peronismo salpican con sangre y fuego la democracia argentina, pero en el contexto de crisis profunda, mezclando crisis educativa, sanitaria, económica y política, la toma se convirtió en un trágico espejo de esa disputa fratricida del poder: por un lado, políticos con canas y de notable crecimiento patrimonial durante el mayor periodo de bonanza económica de nuestra historia se escandalizan hoy con las consecuencias de su propia inacción ante la explosión de la crisis habitacional en el país y sobreactúan ley y orden para compensar; por el otro, supuestos idealistas que levantaron con entusiasmo las banderas de los mismísimos responsables de esa crisis hoy se sorprenden y se espantan, ante las cámaras. mientras no ofrecen otra solución que el desalojo violento.

En el medio, tan rehenes como víctimas, aquellos que fueron empujados hacia una usurpación por funcionarios oficialistas hoy son expulsados a los tiros por otros funcionarios oficialistas. Son el cortoplacismo y la improvisación llevados a su extremo más trágico, exponiendo a padres y madres, niños y niñas, ancianos y ancianas, desesperadas que buscan simplemente una respuesta por parte del estado a una crisis que el mismo estado generó y solo encuentra balas de goma y gases lacrimógenos como respuesta, de trabajo genuino, tizas y jubilaciones dignas ni hablar. 

El accionar del gobierno en el conflicto consistió en llevar a quien se sume a una toma ilegal con la mano izquierda para finalmente golpear con la mano derecha, motivados por una mezcla tóxica de ventajismo político ante la impopularidad de la toma para la opinión pública y la triste y desesperada necesidad de Sergio Berni de sobreactuar mano dura para paliar una gestión en seguridad que hace agua en toda la provincia. La crisis en Guernica, la habitacional expuesta por la toma y la humanitaria desnudada por la represión, es, de principio a fin, consecuencia de años de gobiernos Pejotistas, hoy Frente de Todos, que no ven nunca más allá de la próxima elección. 

Mientras reine la improvisación y el FdT siga usando pobres y familias vulnerables para resolver sus disputas internas, esta no será la última vez que veamos al oficialismo de ambos lados del mostrador, creando problemas y “soluciones” al mismo tiempo. Sergio Berni en particular merece una mención especial, por su doble responsabilidad en la explosión de inseguridad y su obsesión con aparecer en TV para la represión. 

La única solución al problema de fondo es una política habitacional federal y seria, BASTA DE TOMAS Y BALAS DE GOMA.

Mariano Castro.

REFORMA TRIBUTARIA



Hace años que se repite en el debate político argentino un triste diagnóstico que sigue sin su tratamiento correspondiente: el sistema impositivo Argentino es un rompecabezas de parches y medidas transitorias que se convirtieron en permanentes, la consecuencia de casi un siglo de inestabilidad fiscal a nivel nacional y los intentos dispares e inconexos de los sucesivos gobiernos - constitucionales y de facto - de preservar las arcas del Estado nacional. 


Combinando tasas arcaicas, impuestos anacrónicos, medidas de crisis que se prolongan en el tiempo y una regresividad notable, nadie esgrima defensas al sistema tributario argentino simplemente porque es indefendible: es opaco, frecuente y fuertemente arbitrario y discrecional, y sigue dependiendo de impuestos indirectos al consumo como principal fuente de ingresos. 


Su opacidad se convierte en un incentivo a la evasión y la informalidad, generando situaciones insólitas e insostenibles como un cumplimiento estricto del régimen tributario resultando en una pérdida para una empresa; mientras que la discrecionalidad de la política tributaria en el país - donde la única respuesta que parecen encontrar los gobiernos, salvo raras excepciones, es aumentar los impuestos como respuesta a cualquier crisis - desincentiva la inversión y la fiscalización efectiva, generando un círculo vicioso donde el mismo sistema impositivo crea los incentivos y los mecanismos para evadir y eludir impuestos. 


Si lo hiciera en pos de financiar un Estado robusto y capaz de brindar servicios públicos de calidad y de velar por el bienestar de los más vulnerables, sería de todos modos urgente reformar de raíz ese sistema, pero la realidad es más perversa: la voracidad impositiva Argentina tiene como contrapartida un Estado que hace agua por donde se lo mire, y que brinda menos servicios y de peor calidad con más recursos que nunca. Y en un giro dantesco, lo hace sosteniéndose - dadas sus dificultades en recaudar impuestos directos por todo lo mencionado antes - en los impuestos más regresivos (es decir, que impactan más fuertemente en los estratos sociales más humildes): IVA, tabaco, naftas y otros impuestos al consumo. 


El resultado es tragicómico: bajo la premisa de mejorar los servicios públicos para los más humildes, el Estado recrudece la regresividad del sistema impositivo (graficada por la rápida judicialización y posterior derogación de la reducción del IVA a productos de primera necesidad). Dicho en criollo: el Estado cobra más impuestos a los pobres para brindarles un peor servicio que el que recibieron sus padres. 


Si la Argentina no avanza con prisa hacia una reforma tributaria profunda, corre peligro de caer en una trampa de difícil salida: en Argentina ya nos acostumbramos a que impuestos “transitorios” o “de emergencia” se conviertan - por inercia o por capricho - en otro parche más en el régimen tributario. Pero los parches no son soluciones de largo plazo - muchas veces a penas solucionan el problema de corto plazo que vienen a parchear - y su acumulación genera una retroalimentación de improvisación impositiva, mayor evasión, caída de la recaudación y de vuelta improvisación. 


Existen algunos intentos 


La obligación constitucional de sancionar la ley-convenio sobre coparticipación es la oportunidad perfecta para dar el debate: permitiría reformar en simultáneo el descalabro impositivo a nivel nacional y la duplicación y superposición impositiva que se dan con las provincias. Una reforma que permitiría simultáneamente ordenar y emprolijar el monstruo de frankenstein impositivo que construyó el Estado Nacional a lo largo del último siglo y medio, y mejorar la relación fiscal entre provincias y Nación a favor de mayor autonomía local revirtiendo el sistema actual de centralización de la recaudación con posterior distribución, permitiría saldar dos deudas institucionales de largo plazo con una sola reforma.


Mariano Castro

Consejero Estudiantil, FSOC UBA

Convencional UCR CAPITAL, Franja Morada UBA